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Cultura

El código del pisco: 3-8-5

Hay noches que no solo se disfrutan, se recuerdan. La que viví en Lima, con Cesibell Sánchez como guía, fue una de las que se te quedan grabadas.

Publicado por:
Ana Gómez González

Una cata con alma, con historia, con carácter. Una noche dedicada a celebrar el pisco en todas sus formas, aromas y cepas. Porque lo que hay detrás del pisco no es solo alcohol. Es cultura peruana.

Autenticidad en cada gota

El pisco tiene una fuerza silenciosa. No necesita artificios para destacar. Lleva la esencia del Perú concentrada en cada copa. Es una bebida que habla de su tierra, de su gente y de un legado que ha pasado de generación en generación.

En cada sorbo hay tradición, investigación, costumbre, método. Nada está ahí por casualidad. Todo responde a años de cuidado, de prueba y error, de vendimias pacientes y alambiques. El pisco nace de un suelo con nombre y apellido: las cinco regiones con Denominación de Origen (Lima, Ica, Arequipa, Moquegua y Tacna). No se puede producir en cualquier parte, ni de cualquier forma. Eso lo hace único.

La noche empezó con esa energía que solo se da entre personas que comparten la misma pasión. Cada asistente tenía algo que aportar. No importaba el nivel de experiencia, lo que conectaba era el respeto por el destilado. Cada presentación traía consigo una historia, una anécdota, una experiencia personal. El ambiente era cálido, sincero. Ideal para dejarse llevar por los sentidos y por la conversación.

El espacio: Piscos y Tacos

La cata fue organizada por Piscos y Tacos, el proyecto que Cesibell Sánchez lidera desde hace más de una década. Lo que comenzó como una iniciativa para acercar el pisco a las mujeres, hoy es una comunidad abierta, diversa y muy activa. Nos lo contó ella misma, copa en mano:

“Yo quería que las mujeres aprendan a tomar pisco. El grupo fue creciendo y también se sumaron hombres, muchos, esposos y compañeros de las amigas que venían. Y así, aprendiendo y compartiendo juntos ya han pasado 12 años. He hecho varias publicaciones en colaboración, hemos escrito varios libros, hemos hecho catas en diferentes partes del Perú y del mundo. Y trabajamos mucho con el tema de la cultura del Pisco”.

Ese trabajo se nota. Se siente en el ambiente, en la dinámica de la cata, en el respeto con el que se trata cada botella. Las botellas no se abren como si nada. Se abren como cofres. Cada una trae consigo una historia, una región, una uva. El color, el aroma, el sabor: todo se observa, se analiza, se comenta. No hay prisa. Hay atención. Y eso cambia la experiencia.

Los números 3-8-5

Entre brindis y conversación, Cesibell compartió su ya conocida fórmula para entender el pisco. Tres cifras que se graban fácil y dicen mucho:

  • 3 tipos de pisco: Puro, Acholado y Mosto Verde.
  • 8 cepas pisqueras: Quebranta, Italia, Negra Criolla, Albilla, Torontel, Moscatel, Uvina y Mollar.
  • 5 regiones con Denominación de Origen: Lima, Ica, Arequipa, Moquegua y Tacna.

Una fórmula simple, pero poderosa. Porque no se trata solo de clasificar, sino de comprender. Y eso es lo que hace esta fórmula: ordenar un mundo complejo sin quitarle riqueza.

Tres formas de entender el pisco

La clasificación según el tipo de pisco fue uno de los momentos más interesantes de la noche:

  • Pisco puro

Elaborado con una sola variedad de uva. Es directo, franco, ideal para sentir la personalidad de cada cepa sin distracciones.

  • Acholado

Mezcla de uvas. Es creatividad pura. Cada productor tiene su fórmula, su estilo, su apuesta. Hay espacio para experimentar.

  • Mosto verde

Más delicado, más costoso, más complejo. Se detiene la fermentación antes de que el azúcar se transforme por completo en alcohol. El resultado es elegante, redondo, suave.

Uno de los piscos que catamos

Cada tipo tiene su encanto. Cada uno despierta sensaciones distintas. Algunos más expresivos, otros más sobrios. Todo depende de la cepa, de la mano del productor, y claro, de las preferencias del catador.

El papel de las cepas

Las 8 cepas pisqueras también se hicieron presentes en la cata. Y con ellas, toda una paleta de perfiles. Quebranta, la clásica. Italia, la floral. Torontel, con sus notas cítricas. Uvina, con su toque distintivo. Cada una aporta algo distinto al perfil del pisco. Y cuando se combinan, como en los acholados, el resultado puede ser sorprendente.

Hay quienes se enamoran de una cepa y se quedan allí. Otros, como yo, quieren probarlas todas. Explorar, comparar, volver a probar. Porque el pisco no cansa. Tiene capas. Tiene secretos.

Aprender con el paladar

Lo mejor de la noche fue que se aprendía sin esfuerzo. Nadie dictaba una clase. Todo se daba de forma natural: probar, comentar, escuchar. Hablamos de aromas, de combinaciones posibles con distintos platos, de experiencias previas.

Probamos diferentes combinaciones con los piscos

Yo misma, que había probado muy pocos piscos antes de este viaje, salí encantada. Fue una de esas experiencias que despiertan curiosidad. Que abren una puerta. Desde que volví a casa, no he dejado de leer y aprender sobre el pisco. Algo se activó esa noche.

Más que una bebida

El pisco no es solo una bebida, es un emblema. Un producto con historia, con identidad, con orgullo. Y conocerlo de cerca, entender cómo se hace, cómo se clasifica, cómo se disfruta, es también una forma de conocer Perú.