La vid es una planta resistente, capaz de adaptarse a climas muy distintos, pero también es vulnerable a hongos, bacterias e insectos que pueden comprometer tanto la producción como la calidad final del vino. Detrás de cada racimo sano hay un trabajo constante de observación, prevención y manejo agronómico.
A partir del documento técnico Plagas y Enfermedades de la Vid, publicado por el Ministerio de Agricultura, podemos entender con mayor claridad cuáles son las principales patologías que afectan al viñedo, cómo se desarrollan y qué medidas resultan eficaces para su control. Este artículo recoge esa base técnica y la desarrolla con un enfoque práctico y actualizado, pensado para viticultores, enólogos y cualquier persona interesada en la sanidad vegetal de la vid.
Si buscas información clara y completa sobre podredumbre del racimo, Botrytis cinerea, podredumbre ácida, hongos en la uva o estrategias de prevención en viñedo, aquí tienes una guía detallada.
La sanidad del viñedo como base de la calidad
La salud del viñedo no solo determina la cantidad de uva producida, sino también su calidad enológica. Una enfermedad mal controlada puede alterar la composición del mosto, modificar su grado alcohólico potencial, aumentar la acidez volátil o introducir defectos aromáticos irreversibles.
En las fases finales del ciclo vegetativo, cuando la uva comienza a acumular azúcares, el racimo se vuelve especialmente vulnerable. El aumento de contenido en azúcar, unido a temperaturas elevadas y humedad ambiental, crea un entorno ideal para el desarrollo de microorganismos patógenos. Por eso muchas enfermedades del viñedo se manifiestan con mayor intensidad en la etapa de maduración.
Entre las patologías más relevantes destacan las distintas formas de podredumbre del racimo, que pueden tener origen bacteriano o fúngico. Aunque externamente puedan parecer similares, su etiología y su manejo no siempre son los mismos.
Podredumbre ácida: cuando el racimo huele a vinagre
La podredumbre ácida es una de las enfermedades más problemáticas, especialmente en uva de mesa, aunque también afecta a uva destinada a vinificación. Está causada por bacterias y levaduras, entre ellas especies del género Acetobacter, que transforman los azúcares en ácido acético cuando encuentran condiciones favorables.
El síntoma más característico es el olor a vinagre que desprenden los racimos afectados. Las bayas comienzan a presentar una coloración marrón clara que se oscurece progresivamente. La pulpa se descompone y termina vaciándose a través de la herida inicial, generando el llamado “mosteo” que contamina las bayas vecinas. Finalmente, la piel se deseca y permanece adherida al pedúnculo.

La aparición de la podredumbre ácida está estrechamente relacionada con la existencia de heridas previas en la baya. Picaduras de pájaros, daños de polilla del racimo, rajado por oídio, granizo o lluvia intensa actúan como puerta de entrada para los microorganismos. A partir de un contenido en azúcar aproximado del 7-8 %, el riesgo aumenta de forma significativa.
Un factor clave en la propagación es la presencia de insectos como la mosca del vinagre (Drosophila melanogaster), que transporta microorganismos de un racimo a otro. Las altas temperaturas y la humedad elevada favorecen el desarrollo rápido de la enfermedad.
El control directo es limitado. No existen tratamientos específicos realmente eficaces contra la podredumbre ácida una vez instaurada. Por eso la estrategia se basa en la prevención: evitar heridas, controlar las plagas que dañan la piel de la uva, manejar adecuadamente el vigor vegetativo para reducir el apiñamiento de racimos y limitar el exceso de riego en maduración.
Podredumbres fúngicas del racimo: un complejo de hongos oportunistas
Durante años se atribuyó la mayoría de las podredumbres del racimo exclusivamente a Botrytis cinerea, pero la experiencia de campo ha demostrado que otros hongos desempeñan un papel relevante, sobre todo en determinadas zonas y condiciones climáticas.
Las podredumbres fúngicas suelen necesitar una puerta de entrada, igual que la podredumbre ácida. Las heridas en la piel permiten la colonización del tejido por hongos presentes en el ambiente. La agresividad de cada patógeno depende de la madurez del racimo, la temperatura y la humedad.
Entre los hongos más frecuentes se encuentran Aspergillus niger, Alternaria spp., Rhizopus nigricans, Cladosporium herbarum, Penicillium spp. y la ya mencionada Botrytis cinerea. Cada uno presenta características propias en cuanto a velocidad de evolución y aspecto visual.
Aspergillus niger
Este hongo se desarrolla con rapidez en ambientes cálidos y húmedos. Las bayas se cubren primero de una eflorescencia blanquecina que termina adquiriendo tonalidad negra por la formación de esporas. La consistencia de la uva disminuye y las bayas pueden desprenderse fácilmente del pedúnculo.
Su presencia suele detectarse desde el inicio de la maduración hasta la vendimia. En climas calurosos puede convertirse en un problema serio si no se gestionan adecuadamente la ventilación del racimo y el control de daños previos.
Alternaria spp.
La evolución de este hongo es más lenta, pero constante. Se observan fructificaciones oscuras en la superficie de la baya, que tienden a ennegrecer con el tiempo. A diferencia de otros patógenos, las bayas no siempre se desprenden, aunque pierden firmeza progresivamente.
Puede confundirse con otros géneros similares si no se realiza un diagnóstico preciso. Esto subraya la importancia de identificar correctamente la enfermedad antes de aplicar cualquier estrategia de control.
Rhizopus nigricans
Se caracteriza por una rápida expansión del micelio, inicialmente blanquecino y después con puntos negros. Tiene mayor incidencia en periodos calurosos y húmedos al inicio de la madurez. Las bayas afectadas pueden quedar momificadas en el racimo.
Cladosporium herbarum
Presenta colonias de aspecto aterciopelado y color gris verdoso oscuro. Su desarrollo suele asociarse a otoños húmedos y templados. Las bayas atacadas muestran piel endurecida y aspecto consumido.
Penicillium spp.
Se desarrolla con rapidez en condiciones cálidas, especialmente cerca de la recolección. Las bayas presentan una coloración marrón inicial y posteriormente pústulas de tonalidad blanco verdosa o azulada. La pulpa pierde consistencia y se rompe con facilidad.
Botrytis cinerea: la podredumbre gris
Entre todas las enfermedades del viñedo que afectan al racimo, la más conocida es la causada por Botrytis cinerea, responsable de la llamada podredumbre gris. Se trata de un hongo de evolución rápida que cubre las bayas con masas de micelio grisáceo.
Las uvas adquieren una coloración marrón y pierden consistencia progresivamente. En condiciones de humedad elevada y temperaturas suaves o cálidas, la propagación puede ser muy intensa. Los daños son especialmente importantes en fases avanzadas de la maduración.

En determinados contextos, como en la producción de vinos dulces específicos, la acción controlada de Botrytis cinerea puede ser beneficiosa. Sin embargo, en la mayoría de los casos se trata de una enfermedad que compromete la calidad y la producción.
A diferencia de otras podredumbres, existen productos específicos dirigidos contra Botrytis cinerea. No obstante, su aplicación debe integrarse en una estrategia de manejo global que incluya prácticas culturales adecuadas.
Impacto en la calidad del vino
Las enfermedades del viñedo no solo reducen el rendimiento. También alteran la composición del mosto. En el caso de la podredumbre ácida, la transformación de azúcares en ácido acético puede aumentar la acidez volátil, disminuir el grado alcohólico y generar desviaciones aromáticas.
En las podredumbres fúngicas, la degradación de tejidos y la actividad metabólica de los hongos modifican la estructura química del fruto. Esto puede afectar a la extracción de compuestos fenólicos y a la estabilidad microbiológica durante la fermentación.
Por eso la sanidad vegetal es un componente esencial de la calidad final del vino. No se trata solo de producir más, sino de producir mejor.
Estrategias de prevención en el viñedo
La prevención es el eje central en el control de enfermedades de la vid. Entre las prácticas más relevantes se encuentran la correcta gestión del vigor, la poda equilibrada, el control del riego en fase de maduración y la ventilación adecuada del racimo.
Evitar el apiñamiento excesivo reduce la humedad interna y limita el desarrollo de hongos. El control de plagas que dañan la piel de la uva es igualmente fundamental, ya que muchas enfermedades necesitan una herida para iniciarse.
La eliminación de restos vegetales afectados y la correcta higiene en la manipulación de racimos en uva de mesa también forman parte de las medidas preventivas. La lucha química, cuando está indicada, debe basarse en un diagnóstico preciso y en recomendaciones técnicas oficiales.
La importancia del diagnóstico
No todas las podredumbres son iguales, aunque externamente puedan parecerlo. Determinar si se trata de podredumbre ácida, podredumbre gris u otra infección fúngica es clave para decidir la estrategia adecuada.
Un diagnóstico incorrecto puede llevar a tratamientos ineficaces y a un aumento innecesario de costes. La observación detallada de síntomas, el análisis de condiciones ambientales y, cuando sea necesario, el apoyo de laboratorios especializados forman parte de una gestión profesional del viñedo.
Las enfermedades del viñedo son una realidad constante en cualquier zona vitícola. La combinación de factores climáticos, biológicos y agronómicos determina su aparición y evolución. Sin embargo, la prevención, el manejo adecuado y el conocimiento técnico permiten reducir significativamente su impacto.
Comprender la podredumbre ácida, identificar los distintos hongos responsables de podredumbres fúngicas y saber cómo actúa Botrytis cinerea ayuda a tomar decisiones más informadas. La sanidad vegetal no es un aspecto secundario, sino la base sobre la que se construye la calidad del vino.
En última instancia, cada racimo sano es el resultado de una estrategia coherente que integra observación, prevención y acción técnica. Y esa estrategia comienza mucho antes de la vendimia.