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Cultura

Los mejores roscones de Reyes de Madrid

Durante años, el roscón de Reyes fue un dulce casi exclusivo del 6 de enero. Hoy se han convertido en un símbolo de toda la Navidad. Desde finales de noviembre hasta bien entrado enero, los obradores afinan recetas, cuidan fermentaciones y compiten por hacer el roscón que todos recuerden.

Publicado por:
Ana Gómez González

La oferta es enorme y no todo lo que brilla merece la pena. Por eso te traigo cinco de los mejores roscones de Madrid, elegidos por su calidad y respeto al producto. 

1. La Duquesita: el clasicismo bien entendido

Hablar de La Duquesita es hablar de historia pastelera madrileña. Fundada a comienzos del siglo XX, esta pastelería no vive del recuerdo, sino de hacer bien lo que siempre ha hecho. Su roscón es un ejemplo claro de que el clasicismo no está reñido con la excelencia.

La masa es fina, elástica y muy bien trabajada. No pesa, no se apelmaza y mantiene la humedad justa incluso al día siguiente. El aroma a azahar está presente, pero no invade. Todo está en equilibrio. La fruta confitada se integra sin dominar y el azúcar de la superficie no es un adorno excesivo, sino parte del conjunto.

Aquí no hay rellenos estridentes ni reinterpretaciones modernas. Es un roscón para quien busca el sabor de siempre, pero hecho con un nivel técnico altísimo. De esos que se pueden comer solos o con chocolate sin que nada sobre.

Dónde: calle Fernando VI, 2 (Centro)

2. Panem: fermentación larga y respeto al producto

En Panem el roscón no es un producto estacional improvisado. Forma parte de una forma de entender la panadería y la pastelería basada en el tiempo, la masa madre y los ingredientes sin atajos.

Su roscón destaca desde el primer corte. La miga es alveolada, ligera y muy aromática. Se nota la fermentación larga, que aporta profundidad de sabor y una textura mucho más interesante que la de los roscones acelerados. Aquí no hay sensación de brioche inflado, sino de masa bien trabajada.

La cobertura es sobria: naranja confitada, almendra y azúcar. Nada más. Y nada menos. Todo tiene sentido y está en su sitio. Además, es uno de los pocos roscones que mantiene su calidad durante varios días si se conserva bien.

Es un roscón para quien aprecia los procesos lentos y el sabor que se construye con paciencia.

Dónde: calle Fernán González, 46 (Ibiza)

3. Doble Uve + Insurgente: un roscón para salir de la norma

La colaboración entre Doble Uve y Insurgente no está pensada para quien busca el roscón de siempre. Está hecha para los curiosos, para quienes disfrutan cuando la tradición se permite jugar un poco sin perder rigor.

Se trata de una edición limitada, disponible en dos formatos muy distintos: una pieza grande de 1 kg a la venta en el obrador de Doble Uve y una versión individual que se sirve en Insurgente como broche dulce de la comida. Dos tamaños, dos contextos, mismo espíritu.

El relleno marca la diferencia. Aquí no hay nata ni trufa, sino una crema inspirada en la chocotorta, con praliné de avellana y una crema diplomática de ají amarillo que aporta un punto aromático y sorprendente sin resultar invasivo. El acabado suma ralladura de naranja, feuilletine crujiente y un ligero polvo de chocolinas que añade textura.

Es un roscón pensado para comerse entero sin saturar, festivo y distinto, pero fácil de disfrutar. No busca parecerse a nada conocido y precisamente ahí está su gracia.

Disponibilidad: del 13 de diciembre al 6 de enero

4. Moulin Chocolat: el roscón del pastelero

Cerrar esta selección con Moulin Chocolat es casi obligatorio. Detrás está Ricardo Vélez, uno de los nombres más respetados de la pastelería madrileña, y alguien que conoce el roscón desde dentro, no solo como producto, sino como tradición.

Su propuesta es clara: un roscón sin excesos, bien ejecutado y fiel a la receta clásica. La masa tiene sabor, la miga es suave y el conjunto resulta equilibrado. No busca sorprender, sino convencer bocado a bocado.

Ofrecen diferentes tamaños y rellenos, pero incluso en las versiones con nata o crema, el bollo sigue siendo el protagonista. Eso no es tan habitual como debería.

Es un roscón honesto, elegante y muy bien hecho, ideal para quienes valoran la mano del pastelero por encima de la decoración.

Dónde: calle Alcalá, 77 (Barrio de Salamanca)

5.El Horno de Babette: altura, miga y personalidad propia

El roscón de El Horno de Babette es uno de esos casos en los que el resultado final se reconoce al primer vistazo. No se parece a ningún otro y no lo pretende.

La clave está en su elaboración. Se hornea en molde, lo que hace que la masa crezca en vertical y adquiera una forma característica, a medio camino entre el roscón tradicional y el panettone. De ahí que muchos lo llamen, con acierto, “roscottone”. La textura es alta, esponjosa y muy tierna, con una miga aromática que se mantiene jugosa durante días.

En la receta no hay concesiones ni cambios de última hora. Mantequilla de calidad, agua de azahar bien medida y materias primas ecológicas como huevos y cítricos. Todo suma, nada sobra. Es un roscón que no necesita relleno ni adornos para convencer.

Este año, además, incorpora un detalle especial: una figurita artesanal creada por una alfarería familiar de Valladolid, y una caja ilustrada que refuerza la idea de pieza cuidada de principio a fin.

Dónde: en sus distintas tiendas de Madrid

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