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Bodegas

Ruta del vino en La Rioja sin coche: tres días de enoturismo entre Logroño y Haro

Hay una idea que se repite entre quienes disfrutan del vino: recorrer bodegas históricas, catar grandes reservas, comer bien y dormir en lugares con carácter… sin tener que conducir.

Publicado por:
Ana Gómez González

En la mayoría de regiones vinícolas esto es complicado. Las distancias obligan a depender del coche y eso limita la experiencia.

En La Rioja, sin embargo, existe una ruta del vino que puede hacerse casi por completo en tren, autobús o caminando. Es una escapada de enoturismo sin coche que combina patrimonio, gastronomía y algunas de las bodegas más prestigiosas de España. El viaje no es solo el medio para llegar, forma parte de la experiencia.

Este itinerario de tres días conecta Logroño, Haro y pueblos como Briones o enclaves icónicos de Rioja Alavesa. Es una propuesta cómoda y muy completa para quienes buscan una escapada de vino diferente.

Día 1: Logroño, capital gastronómica 

La mayoría de rutas comienzan en Logroño, una ciudad manejable, animada y muy fácil de recorrer a pie. Está bien conectada por tren con Madrid, Barcelona, Zaragoza o Bilbao, lo que permite organizar el viaje sin coche desde el primer momento.

Logroño es mucho más que un punto de paso. Es una ciudad donde el vino forma parte de la vida diaria. Aquí no se concibe una comida sin una copa de Rioja, y esa cultura se respira en cada bar y restaurante.

Primera parada: una bodega urbana a cinco minutos del centro

Una de las ventajas de empezar en Logroño es que puedes visitar una bodega sin salir de la ciudad.

Bodegas Franco‑Españolas es un ejemplo perfecto. Fundada en 1890, esta bodega histórica se encuentra junto al río Ebro, a pocos pasos del casco antiguo. Su ubicación permite llegar caminando desde el hotel.

Franco-Españolas combina tradición y actividad cultural. En sus visitas se recorren naves centenarias donde descansan barricas de roble y se explican los métodos clásicos de elaboración del Rioja. Las catas suelen centrarse en vinos emblemáticos de la casa, desde crianzas equilibrados hasta reservas con mayor complejidad. Además, organizan conciertos, exposiciones y eventos que le dan un aire muy vivo al espacio.

Para quien quiere una primera toma de contacto con el Rioja sin complicaciones logísticas, es una opción muy cómoda.

Dónde dormir en Logroño

Al tratarse de una ciudad compacta, conviene alojarse en el centro histórico para moverse caminando.

Eurostars Fuerte Ruavieja es un hotel boutique ubicado en una calle tranquila del casco antiguo. El edificio combina piedra tradicional con un interior contemporáneo y cuenta con spa, algo que se agradece tras una jornada de viaje y catas.

Otra alternativa es Hotel Calle Mayor, un alojamiento elegante y funcional situado a pocos metros de las zonas de tapeo. Es especialmente práctico si el plan es salir por la noche y volver caminando en pocos minutos.

La Calle Laurel: el ritual del chiquiteo

Hablar de Logroño es hablar de la Calle Laurel, el epicentro del tapeo riojano. Esta calle peatonal, paralela a Bretón de los Herreros y junto al Mercado de San Blas, concentra bares especializados en una sola tapa estrella.

El ritual es sencillo. Se entra, se pide el pincho de la casa, se acompaña con un Rioja y se continúa al siguiente local. Champiñones a la plancha, zapatillas de jamón, pimientos rellenos, choricillo asado o gilda son clásicos que se repiten generación tras generación.

El chiquiteo no es solo comer. Es una forma de relación social. Las terrazas se llenan, las conversaciones se mezclan y el vino actúa como hilo conductor. En Logroño la gastronomía no es un complemento del viaje, es una razón para viajar.

Día 2: tren a Haro y paseo entre bodegas históricas

A la mañana siguiente comienza el corazón de la ruta. Desde Logroño se puede tomar un tren regional hasta Haro. El trayecto dura alrededor de 40 minutos y atraviesa paisajes de viñedo que ya anticipan el destino.

Ana gomez de Perfectanino en Haro
Puedes ver el post aquí

Haro es considerado el núcleo histórico del Rioja. Su Barrio de la Estación es uno de los lugares con mayor concentración de bodegas centenarias del mundo. Lo mejor es que muchas están a pocos metros entre sí, lo que permite organizar una ruta a pie sin necesidad de transporte adicional.

El Barrio de la Estación: un museo vivo del vino

Bajar del tren y caminar cinco minutos hasta empezar a catar es uno de los grandes atractivos de esta escapada. El Barrio de la Estación reúne casas fundadas en el siglo XIX que exportaban vino a Francia cuando la filoxera arrasó los viñedos galos.

CVNE 

Compañía Vinícola del Norte de España, fundada en 1879, es una de las referencias históricas del Rioja. Su visita permite recorrer calados antiguos y salas de barricas donde se elaboran vinos icónicos como Imperial. La experiencia combina historia empresarial, tradición familiar y una explicación detallada del estilo clásico riojano.

Bodegas Muga 

Muga destaca por mantener procesos artesanales poco habituales hoy en día. Dispone de tonelería propia, algo casi desaparecido, donde fabrican y reparan sus propias barricas. Las visitas suelen incluir recorrido por la nave de fermentación, crianza y una cata guiada que ayuda a entender la diferencia entre crianza, reserva y gran reserva dentro de la casa.

La Rioja Alta S.A.

Esta bodega es sinónimo de estilo tradicional. Fundada en 1890, representa el perfil clásico del Rioja elegante y longevo. Su visita es especialmente interesante para comprender cómo influyen el tiempo en barrica y la larga crianza en botella en el carácter final del vino.

Bodegas López de Heredia Viña Tondonia

Probablemente la más mítica del barrio. Conserva métodos casi inalterados desde finales del siglo XIX. Sus vinos pueden pasar décadas envejeciendo antes de salir al mercado. El recorrido por sus galerías subterráneas transmite la sensación de entrar en otra época del vino español.

Caminar entre estas bodegas en pocas horas es una experiencia difícil de replicar en otras regiones vinícolas.

Comer en Haro: tradición sin artificios

Después de varias catas, conviene sentarse con calma.

Terete es un clásico local conocido por su cordero asado. Las chuletillas al sarmiento, cocinadas con los propios restos de poda de la vid, son un plato representativo de la cocina riojana. El ambiente es sencillo y tradicional, con esa sensación de casa familiar que no necesita artificios.

Te cuento mi experiencia aquí: https://www.perfectanino.com/blog/restaurante-terete-un-emblema-de-las-gastronomia-riojana

Te dejo 5 restaurantes imprescindibles: https://www.perfectanino.com/blog/rioja-un-destino-enogastronomico-inigualable

Dormir en un antiguo convento

Para completar la experiencia, una opción singular es Eurostars Los Agustinos. Este hotel ocupa un edificio del siglo XIV que fue hospital y convento. Su claustro central crea una atmósfera especial. Dormir aquí después de un día de catas intensas forma parte del encanto de la ruta.

Día 3: Briones y cultura del vino

El tercer día puede dedicarse a explorar pueblos con vistas abiertas al viñedo. Desde Haro o Logroño se puede llegar en autobús a Briones, una localidad medieval situada sobre una colina.

Calles empedradas, casas de piedra y panorámicas de viñedos definen el paseo. Pero el gran atractivo es el museo.

Museo Vivanco de la Cultura del Vino

Este complejo combina museo, bodega y restaurante. Es uno de los centros más completos dedicados a la cultura del vino. En sus salas se exhiben piezas históricas relacionadas con la viticultura, arte vinculado al vino y una explicación detallada de su evolución cultural a lo largo de los siglos.

No es solo una visita técnica. Es una inmersión en la dimensión histórica y simbólica del vino.

Ana Gómez de PERFECTANINO en el museo Vivanco en BRIONES
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Alternativa arquitectónica: Rioja Alavesa

Si prefieres un contraste visual, puedes desplazarte hasta Bodegas Marqués de Riscal, en Elciego. Su hotel diseñado por Frank Gehry se ha convertido en uno de los iconos arquitectónicos del vino en España. Las láminas de titanio de colores ondulantes contrastan con los viñedos tradicionales.

La visita combina arquitectura contemporánea, bodega histórica y un wine bar con vistas panorámicas.

Cómo hacer esta ruta del vino sin coche

La clave de esta escapada es la conexión ferroviaria entre Logroño y Haro, junto con autobuses regionales que enlazan pueblos cercanos. Durante ciertos eventos enoturísticos se habilitan trenes especiales que facilitan el acceso a las bodegas del Barrio de la Estación.

Esto convierte la experiencia en algo poco habitual en el mundo del enoturismo: libertad para catar sin preocuparse por conducir.

Presupuesto aproximado

Un fin de semana medio puede situarse entre 170 y 350 euros por persona, dependiendo del tipo de alojamiento y del número de visitas a bodegas. El transporte en tren suele ser asequible si se reserva con antelación.

Cuándo hacer la ruta

Los meses de mayo, junio, septiembre y octubre suelen ofrecer temperaturas agradables y actividad enológica. Durante la vendimia el ambiente es especialmente animado, aunque conviene reservar con tiempo.

Una escapada diferente en el mapa del vino europeo

Existen rutas de vino famosas en Francia, Italia o California, pero pocas permiten una experiencia tan cómoda sin coche como esta ruta del vino en La Rioja. Llegar en tren, dormir en edificios históricos, caminar entre bodegas centenarias y terminar el día en una calle repleta de pinchos y Rioja crea un equilibrio difícil de igualar.

No se trata solo de visitar bodegas. Es una forma de entender el vino como parte del territorio, de la arquitectura y de la vida cotidiana.